
La salud de nuestro organismo va unida a un pH o nivel de acidez cercano al punto de neutralidad (ph = 7). Cuando ocurre una infección o una disfunción orgánica, el pH de la zona afectada se altera, volviéndose ácido (exceso de iones H+) o alcalino (exceso de iones OH-). Paralelamente, el pH de otra zona del cuerpo se polariza en la dirección contraria, ya que el número total de iones H+ y de iones OH- en el cuerpo debe ser idéntico. De este modo se forma en el cuerpo un Par Biomagnético compuesto por dos polos de signo contrario que entran vibracionalmente en resonancia biomagnética.
El foco ácido o positivo es propicio para el desarrollo de virus y de hongos, mientras que en el foco alcalino o negativo se desarrollan bacterias y parásitos. Del mismo modo que no puede crearse un foco ácido sin que se cree al mismo tiempo otro foco alcalino, también los microorganismos se asocian en simbiosis para crear su patogenicidad. Esta es una de las principales innovaciones del Par Biomagnético.
Estos desequilibrios del pH provocan o están asociadas a una gran mayoría de enfermedades que sufren los seres vivos, desde disfunciones orgánicas y enfermedades simples hasta procesos degenerativos, tumorales y enfermedades complejas o crónicas.
Al colocar la polaridad positiva o negativa de los imanes en los focos ácidos o alcalinos de los pares biomagnéticos desequilibrados, puede también reequilibrar el pH del organismo hasta llevarlo a la neutralidad. Y en estas condiciones de neutralidad, los microorganismos patógenos no pueden sobrevivir y la tendencia natural se favorece, que es la de la autocuración.
A fecha de hoy hay identificados unos 300 pares biomagnéticos, cada uno asociado a un microorganismo o a una patología.